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Felices Fiestas

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Hace unos días, me encontraba en la cola de la caja de un supermercado y escuché a una señora de unos 70 años, que aparentaba tener más de 80 por la extensión y profundidad de sus arrugas, que decía con gran ironía:” esta va a ser mi mejor Navidad”. La cajera, sorprendida y con la confianza de verla comprar desde hacía mucho tiempo,le preguntó: ¿por qué dices eso María? “Si con la que está cayendo esto va a ser una lástima”. María le respondió: “es la primera Navidad, en muchos años, que aunque no reciba visitas de mis hijos y no me inviten a sus casas, tendrán una buena una razón para no hacerlo”. La cajera, se quedó impactada por esa respuesta y de forma inmediata, de esa forma en la que sólo hablan los sentimientos y el corazón, le respondió: “María, en mi casa esta Navidad habrá una silla vacía por este asqueroso virus, pero si no nos lo prohíben, esa silla será para ti”. Es un episodio real que muestra lo que unos tienen y no aprecian y lo que otros, sin tenerlo, valoran y anhelan...

Arropame

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Y en la ausencia de tu presencia me duermo al costado de tu alma para seguir siendo rosario creyente de tu cuerpo que me purifica y consagra. Devórame en tu anochecer arropame en tu cama de estrellas, saciame del veneno que se agolpa entre los milímetros que separan nuestras ganas.

PerpeTuo

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  Su lecho fue su anzuelo   donde anclaron   el vocablo del cortejo convertido en nombre bíblico perpetuo de lo que seremos.

Tu Voz

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  Me empujas entre la sombra a caer de nuevo en ese oscuro túnel y la fuerza de tu voz me sacude, me llamas al vaivén de estrofas de tu aliento prisionero más allá de mi piel que me oprime y no respira al sentir mi latido galopando hacia el abismo.

Entre minutos y horas (V)

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Por un momento tembló sobre la cuerda que la sujetaba los pies, donde se vio pisando sobre ella a una altura que podría caer en picado si no se sostenía. Sus manos retorcían sus pezones con fuerza, estaba a punto de gritar cuando sintió el cuero sobre su piel recorriendo sus vértebras hasta llegar a su coño donde de nuevo sintió aquel zass sonoro, ahora era una fusta y cada vez que ella se retorcía de placer volvía a impactar contra sus nalgas y muslos mientras él seguía cavalgándola como si fuera su yegua, la cogió por las manos llevándoselas a la espalda y la ordenó que le ofreciera su coño, apoyó su rostro contra el colchón y alzó sus nalgas con las piernas bien abiertas; sintió como introducía de nuevo un dedo, dos, en su vulva. Andrea sintió vergüenza por estar tan húmeda, sus dedos entraban y salían, a su oído le susurraba estás muy húmeda putita, aquellas palabras la humedecían aún más, estaba a punto de explotar y aquel hombre no hacía más que martirizarla, de pronto notó como ...

Entre minutos y horas (IV)

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Andrea se vio con su miembro golpeando su boca hasta sentir como sus testículos oprimir sus labios, follaba su boca sin contemplación, no importaba aquellas arcadas que la daban, el seguía arremetiendo con dureza hasta vaciarse por completo dentro de ella. Andrea no recordaba en qué momento aquel hombre la despojó de sus ropas cuando se vio sobre la cama boca abajo mientras él ya tenía de nuevo su verga golpeando con fuerza contra las paredes de sus entrañas, estaba caliente como una perra y sentía como sus flujos iban manando por entre sus muslos, estaba a punto de correrse cuando Ángel sacó de nuevo erecto y agarrándola por su vientre la colocó a cuatro patas, no dejaba de presionar su clítoris al mismo tiempo que la introducía un dedo, dos, Andrea no quería que parara, necesitaba correrse, pero él no parecía darle ese gusto, sintió como un zass sonaba en sus nalgas, mientras la arremetía con toda su fuerza hasta tocar de nuevo las paredes de sus entrañas, por un momento quedó suspen...

Entre minutos y horas (III)

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El trayecto fue de lo más silencioso, no salió palabra de sus labios, pero si se sentía sus repiraciones aceleradas. El trayecto duró poco más de media hora, de vez en cuando miraba a que velocidad iban, tenía tanta prisa por llegar como ella, entraron en una bonita urbanización en la sierra, toda ella rodeada por sus montañas, se fueron adentrando hasta llegar a una casa, paró el coche y se bajó abrir la puerta, recorrimos la entrada hasta llegar a una casita con jardín, bajamos del coche, sacó mi maleta y unas cosas que llevaba, subimos los cuatro peldaños que separaban el porche de la entrada, metió la llave y entramos dentro. Andrea no recordaba en qué instante aquel hombre había dejado las cosas cuando se vio rodeada por sus brazos desde atrás y sus manos enormes acariciaban con fuerza sus montículos tratando de zafarse de su fina blusa. Trató girar la cabeza mientras sentía como su boca recorría su cuello, Andrea quería sellar sus labios y buscaba su boca, agarrándola fuerte la l...